Uno de los términos con que últimamente más nos encontramos en relación con la producción de contenidos es “curación”. Una transcripción casi automática del inglés “curation” cuyo significado en español sólo guarda con este último una relativa semejanza en tanto ambos
pueden referirse a ciertas labores de conservación. No obstante, como en
otros muchos casos de la terminología tecnológica, la “españolización”
del término inglés se ha impuesto y del original “content curation” se ha llegado a la “curación de contenidos” de la que, como decimos, tanto se habla actualmente.
No hace mucho, Juan Arellano publicaba aquí un artículo –“Definiendo la curación de contenidos”– en el que analizaba esta nueva disciplina y ofrecía una definición de curación de contenidos:
La curación de contenido se entiende como la capacidad por parte de un sistema o del ser humano de encontrar, organizar, filtrar y dotar de valor, relevancia, significatividad, en definitiva, de utilidad el contenido de un tema específico que procede de diversas fuentes (medios digitales, herramientas de comunicación, redes sociales…).
Desde un punto de vista práctico, podríamos decir que la curación es
un paso más en las tareas de agregación que son ya práctica habitual en
el seguimiento y presentación de contenidos digitales. La diferencia se
encontraría en el proceso de selección de esos contenidos. Mientras la
agregación tradicional sólo se cuidaba de reunir contenidos relativos a
un tema determinado, la curación filtra esos contenidos y selecciona de
entre ellos sólo los mejores o de mayor relevancia para el fin que se
persiga.
Así, el “curador de contenidos” se convierte en la persona
que separa el grano de la paja y nos ahorra tiempo –o se lo ahorra al
cliente– en las a veces tediosas tareas de buceo en el océano de la Red
en busca de los contenidos que nos resultan de necesidad. En otras
palabras, un especialista en contenidos.
Extraido de: http://www.periodismociudadano.com.
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